lunes, 11 de julio de 2011

Preguntas

Camino pensativa por las aceras de este pueblo plano, de cuadrículas perfectas. Me encuentro con rostros conocidos que esbozan sonrisas, saludos y palabras.

¿Por qué no estoy en ese pueblo blanco a orillas del Mediterráneo, de calles irregulares y empinadas o en esa ciudad de la Costa Brava, donde Colón señala el mar mucho antes de que yo naciera allí?

¿Dónde está ese mínimo segundo que cambió mi vida para siempre? ¿Podría acaso anular la idea de emigrar de la mente de mi padre que ya no está?

¿Cuál habría sido mi destino y mi suerte si la patria nos hubiere retenido en su vientre?

¿Cuántas casas destruidas por la guerra hubieran levantado las fuertes manos de mi padre si lo hubiesen dejado sin perseguirlo?

¿Cuántas lágrimas se hubieran evitado los ojos de mi madre? ¿Cuántas burlas nos hubiéramos obviado a causa de nuestro acento, nuestras costumbres y nuestros nombres en esta tierra extraña?

¿Qué intrincado mecanismo logró que no pudiera olvidar mi origen.... mi aire... mi lugar...?

¿Se justifica tanto dolor?... ¿Por qué en mi tierra hay gentes que sufren lo que nosotros soportamos aquí? ¿Por qué ellos ocupan nuestro lugar? ¿Por qué les infringen la marginación que nos infringieron a nosotros? ¿Es acaso un horrendo modo de devolver atenciones?

Siento el trinar de pájaros que se apretujan en ramas casi vacías de hojas, pues las demás están en las baldosas frías de la acera en que transito. Ya ha llegado en invierno en esta tierra lejana donde habito. En la mía los rayos del sol caen verticales porque es verano.

¿Será esto el antónimo de la vida? ¿Tendré otra vida allá en aquel hemisferio? ¿Otra vida paralela a esta en el regazo familiar que dejé hace tantos años?

¿Y si debiera elegir para quedarme con alguna? ¿Por cuál optaría? La de ese útero perdido que me dio la vida, la sangre, el latido... o la de mi propio útero con el que di vida aquí y que hoy se multiplica en hijos y nietos...

Dudo... sufro... camino y pregunto sin hallar respuesta. Pero… ¿Acaso quiero encontrarlas?...

Felicitas Navarro Pérez

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