miércoles, 13 de julio de 2011

Siembra de poetas

Sueños de poetas locos
fueron truncados
con fuegos de metralla
corcovos de vientos galopando en blancas crines
silencios grises con virutas de plata.
Creyeron que la muerte era lugar seguro
para acallar ideas,
tachar las letras,
borrar palabras…
pero en sus siembras
habían piélagos inalcanzables…
y las semillas todas,
brotaron al nacer el alba.
Felicitas Navarro Pérez

lunes, 11 de julio de 2011

Amapolas silvestres

Arenal



No quiero tumba

Llueve

Savia de la tierra



¿Cuánto tiempo ha pasado?... ¿Cuánto?... He dormido inmóvil en este lecho oscuro, húmedo y silente durante un tiempo inconmensurable. De pronto algo me despertó. Primero fue como una leve caricia de plumas, luego finos hilos que me llamaban y me atraían. Poco a poco fui saliendo de mi letargo, me dejé llevar por laberintos intrincados y rugosos.

La llamada se hacía cada vez más imperiosa.

Supe al fin que después de la gran recta ascendente vendrían las bifurcaciones arquitectónicas de tantos caminos posibles.

La voz me guiaba y supe cuál elegir. Sentí una tibieza conocida, todo se iba tornando más claro. ¿Sería tal vez el momento de nacer?

Me envolvía un aroma cítrico, el líquido me empujaba y me animé a asomar.

La luz era demasiado fuerte para mis sentidos acostumbrados a tanta oscuridad.

Sentí como me abría lentamente en la palidez y el aroma.

Entonces vi el sol. Lo recordaba así, era el mismo.

Busqué el horizonte pero no estaba o tal vez no alcanzaba a verlo entre tanta fronda.

Cantos de pájaros llegaban mezclados con sonidos tan desconocidos como extraños.

Voces de niños se acercaban y vi sus rostros claros asombrándose al mirarme. Gritaban algo y sus gritos eran un llamado.

Fui comprendiendo sus palabras:

- ¡Vengan a ver!... abrió la primer flor de la magnolia de la abuela….

Llegaron los adultos alegres y se asomaron a mi corola. Entonces tuve miedo, no sé por qué. Tal vez sus pieles claras como mis pétalos me fueron abriendo recuerdos de otros racimos de pieles morenas escapando y gimiendo, con mirada de animales perseguidos. Nos habían quitado todo y ahora venían a buscar nuestra vida.

Estruendosos fusiles nos vomitaban fuego, cascos de caballos obedientes dándonos alcance, olor a sangre fresca emanando de nuestros cuerpos heridos que iban derribando.

Un golpe en la espalda me creó un calor espeso que me paralizó las piernas y los brazos. Después de ese instante abrí los ojos y vi mi cuerpo tirado sobre la tierra. Ella y yo nos íbamos tiñendo de rojo, amalgamándonos en el color.

Flotaba en el aire viendo la matanza sin poder hacer nada. Al fin no quedó ninguno de nosotros en pie.

Luego una voz de soldado gritó:

- ¡El General Roca dio la orden de enterrarlos, es un hombre muy piadoso!

El silencio se apoderó de todo cuando se alejaron.

Fue entonces, ahora lo recuerdo bien, que comenzamos a dormir el sueño de la raza en el vientre mismo de nuestra tierra.

Preguntas

Camino pensativa por las aceras de este pueblo plano, de cuadrículas perfectas. Me encuentro con rostros conocidos que esbozan sonrisas, saludos y palabras.

¿Por qué no estoy en ese pueblo blanco a orillas del Mediterráneo, de calles irregulares y empinadas o en esa ciudad de la Costa Brava, donde Colón señala el mar mucho antes de que yo naciera allí?

¿Dónde está ese mínimo segundo que cambió mi vida para siempre? ¿Podría acaso anular la idea de emigrar de la mente de mi padre que ya no está?

¿Cuál habría sido mi destino y mi suerte si la patria nos hubiere retenido en su vientre?

¿Cuántas casas destruidas por la guerra hubieran levantado las fuertes manos de mi padre si lo hubiesen dejado sin perseguirlo?

¿Cuántas lágrimas se hubieran evitado los ojos de mi madre? ¿Cuántas burlas nos hubiéramos obviado a causa de nuestro acento, nuestras costumbres y nuestros nombres en esta tierra extraña?

¿Qué intrincado mecanismo logró que no pudiera olvidar mi origen.... mi aire... mi lugar...?

¿Se justifica tanto dolor?... ¿Por qué en mi tierra hay gentes que sufren lo que nosotros soportamos aquí? ¿Por qué ellos ocupan nuestro lugar? ¿Por qué les infringen la marginación que nos infringieron a nosotros? ¿Es acaso un horrendo modo de devolver atenciones?

Siento el trinar de pájaros que se apretujan en ramas casi vacías de hojas, pues las demás están en las baldosas frías de la acera en que transito. Ya ha llegado en invierno en esta tierra lejana donde habito. En la mía los rayos del sol caen verticales porque es verano.

¿Será esto el antónimo de la vida? ¿Tendré otra vida allá en aquel hemisferio? ¿Otra vida paralela a esta en el regazo familiar que dejé hace tantos años?

¿Y si debiera elegir para quedarme con alguna? ¿Por cuál optaría? La de ese útero perdido que me dio la vida, la sangre, el latido... o la de mi propio útero con el que di vida aquí y que hoy se multiplica en hijos y nietos...

Dudo... sufro... camino y pregunto sin hallar respuesta. Pero… ¿Acaso quiero encontrarlas?...

Felicitas Navarro Pérez